Durante los últimos 20 años hemos visto cómo la industria europea ha ido perdiendo peso mientras China se consolidaba como la gran fábrica del mundo. Una de las principales razones ha sido el coste laboral: cuando una fábrica necesita 1.000 trabajadores y el coste de la mano de obra en China es menos de la mitad que en Europa, la decisión empresarial parece evidente.
Pero la pregunta es: ¿qué ocurre cuando la automatización cambia las reglas del juego?
Si una fábrica pasa de necesitar 1.000 trabajadores a operar con 20 personas y 200 robots, el coste laboral deja de ser el factor decisivo. En ese escenario surge una cuestión lógica: ¿para qué seguir fabricando en China?
A primera vista, podría parecer que muchas industrias acabarán regresando a Europa. Sin embargo, la realidad es más compleja.
Know-how
Para recuperar una industria no basta con instalar una fábrica. También es necesario disponer del conocimiento acumulado sobre diseño, producción y operación.
En el caso de empresas europeas que trasladaron sus fábricas a China, gran parte de ese conocimiento sigue estando en sus manos. Sin embargo, algunos componentes o procesos pueden haberse externalizado a empresas chinas que hoy poseen una experiencia difícil de replicar.
Además, han surgido nuevas industrias cuyo conocimiento nunca llegó a desarrollarse en Europa, lo que obligaría a partir prácticamente desde cero.
Un ejemplo es la fabricación de baterías para vehículos eléctricos. Aunque Europa cuenta con excelentes centros de investigación y fabricantes de automóviles de primer nivel, gran parte del conocimiento industrial, la experiencia en producción a gran escala y buena parte de la cadena de suministro se han desarrollado en Asia, especialmente en China. Recuperar esa capacidad no consiste únicamente en construir fábricas, sino en desarrollar conocimientos, procesos y ecosistemas industriales que han tardado años en consolidarse.
Ecosistema de empresas y proveedores
Una fábrica no opera de forma aislada. Necesita proveedores, empresas colaboradoras, servicios logísticos y una red industrial que la rodee.
Puede que determinados componentes sean fabricados por terceros, y siempre será más eficiente tener esos proveedores a menos de 10 kilómetros que a más de 10.000.
Por eso, no se trata únicamente de trasladar una fábrica; hay que trasladar o reconstruir todo un ecosistema industrial.
China cuenta con numerosos ejemplos de lo que los economistas denominan clusters industriales: ciudades o distritos especializados en un producto concreto que han alcanzado liderazgo mundial. Es el caso de Guzhen con la iluminación, Datang con los calcetines o Shengzhou con las corbatas.
Personal cualificado
Probablemente este sea el obstáculo más sencillo de superar.
La automatización reduce la necesidad de grandes plantillas de baja cualificación, pero aumenta la demanda de profesionales especializados capaces de diseñar, operar y mantener sistemas automatizados.
Europa dispone de una base sólida de talento técnico y capacidad formativa para cubrir esta necesidad.
Energía
Cuando el coste laboral pierde relevancia, la energía pasa a ocupar un lugar central en la ecuación.
China no cuenta con una ventaja especialmente significativa en este aspecto. Es un gran consumidor de combustibles fósiles y depende en gran medida de las importaciones energéticas. La energía nuclear y las renovables ayudan a compensar esta dependencia, pero Europa se encuentra en una situación comparable.
Materiales
La industria también necesita acceso eficiente a materias primas y componentes.
Durante décadas se han desarrollado cadenas logísticas globales orientadas a abastecer a China. Si Europa quiere recuperar capacidad industrial, deberá fortalecer sus propias cadenas de suministro.
En algunos sectores esto será relativamente sencillo; en otros, la dependencia de proveedores ya consolidados puede dificultar el proceso.
Conclusiones
La automatización puede cambiar profundamente la geografía industrial de las próximas décadas.
Mi impresión es que veremos:
• Una tendencia al regreso de determinadas industrias a Europa y al surgimiento de nuevas capacidades industriales.
• Una China que seguirá siendo una potencia manufacturera, aunque posiblemente con un peso relativo menor que en la actualidad.
• Un aumento del nearshoring, con más producción ubicada en regiones cercanas a Europa como Turquía, Marruecos o Europa del Este.
• Un mundo cada vez más fragmentado desde el punto de vista industrial, donde las fábricas estarán más próximas a sus mercados y consumidores.
La gran pregunta no es si la automatización sustituirá trabajadores. La gran pregunta es si la automatización cambiará el mapa industrial del mundo.